miércoles, 22 de enero de 2014

Pena de muerte




Vestirse con el disfraz de la sombra de la muerte no debe de ser cosa fácil ni de tomarse a la ligera. Se debe de llegar a un alto grado de autoridad social para poder determinar si alguien debe vivir o debe de exhalar su último suspiro, al menos ha sido así a lo largo de la historia de la humanidad.

El ser humano dentro de sus más puros instintos de animal mata por distintas causas, una de ellas es por ideología.
Según la Biblia, hace cerca de dos mil años asesinaron a Jesucristo, condenado a muerte de cruz por su propio pueblo. Las religiones han sido culpables de millones de muertes alrededor del mundo desde que se inventó la primera; las antiguas civilizaciones ofrecían como sacrificio a sus dioses a cientos de personas para lograr o calmar sus deseos, ya los sociales, ya los divinos; los emperadores y senadores romanos por muchos años a modo de circo se deleitaron matando esclavos y prisioneros con leones o con centuriones y con el arcaíco pero infalible método de usar su pulgar decidían sobre la vida de otro ser; la Santa Inquisición quemaba y mandaba a la horca, antes usando tácticas de tortura maquinadas por mentes demasiado retorcidas, a muchas personas por pecadores como tú y yo; los nazis hicieron en más de la mitad de Europa uno de los más grande cementerios que han existido sobre la faz de la tierra; al mismo tiempo, otro tipo de "arios", el Ku Klux Klan, se encargaron de aniquilar a otros seres por el hecho de tener la piel más oscura que ellos; y así podríamos hacer todo un texto acerca de empresas asesinas.

Hoy, en el estado de Texas, en el vecino país de la bandera de las barras y las estrellas; ese mismo país que se jacta de intervenir para acomodar el orden mundial y luchar por los derechos humanos, parecen regresar a la antigua Francia donde en la plaza se ponía la guillotina o la horca para exponer al criminal ante el pueblo y decapitarlo o ahorcarlo. Igual, en este día bajo la famosa pena de muerte y cambiando la plaza y la guillotina por una cama de quirófano con cinturones y una inyección con una mezcla de químicos, a menos de que se se posponga o se cancele por un último recurso en punto de las seis de la tarde, el mexicano Edgar Tamayo dejará de existir.
El compatriota de cuarenta y seis años se encuentra preso en Texas desde hace veinte años y condenado a pena de muerte por el supuesto asesinato de un policía. Arrestado por robo, con esposas puestas se dice que con una pistola atinó tres disparos al extinto oficial y huyó siendo detenido metros más adelante. Según el noticiero de Joaquín López Dóriga un examen de rodizonato realizado para determinar si había disparado un arma de fuego salió negativo. Y tras un dudoso proceso judicial y varias apelaciones del gobierno mexicano y de los abogados de Tamayo para aplazar el juicio, una de ellas por padecer deficiencia mental que fuesen ignoradas por la corte texana, hoy miércoles se cumple el plazo que podría terminar con sus últimos días.

A continuación un par de enlaces del periódico Excélsior y de la revista Proceso acerca del tema.





Texto: Jesús Cáñez
Imagen: Google
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miércoles, 15 de enero de 2014

De Espinoza Paz y otras pendejadas



Primero que nada ¡Feliz y bendito año 2014! Te deseo que suceda lo mejor que pueda pasarte. Dicho esto pasemos a nuestro mole.

En estas vacaciones decembrinas ir al centro es ir a poner a prueba tu tolerancia y tu paciencia, dado que otros seres humanos son pendejos hasta pa' caminar -todos menos tú y yo, ja-. Pero forzosamente tenía que ir, así que decidí abordar una unidad de transporte público conducida por un chafirete, un taxi, pues.
Después de la clásica plática por excelencia (-¿Al centro?, ¡Uy, joven, está hasta la madre, eh!, Pero qué hace uno, pos hay que chingarle pa' los regalos... ¿Está haciendo friíto, edá?) y esas preguntas de siempre, su dispositivo de audio, un teléfono celular marca Nokia, vomitó una canción de Isidro Chávez Espinoza, mejor conocido como Espinoza Paz (sí, lo vi en Wikipedia) y como no queriendo se aventó otras dos, tres bascas del mismo intérprete. Si eso no bastara, el emocionado conductor comenzó a relatarme el porqué de su gusto por el músico nacido en Angostura, Sinaloa (sí ya sé que sabes que lo vi en Wikipedia), quesque por su humildá, quesque escribe re bonito, porque es la voz del pueblo... Bueno, casi lo quería canonizar el apasionado cafre. Mientras me seguía contando las andanzas quijotescas de este hidalgo sinaloense, mi mente empezó a caminar entre las nubes de la divagación y fue ahí cuando se me ocurrió escribir de esto.

Hay ciertas cosas que me hacen sentir harto pendejo, una de ellas me pasó en ese trayecto y otra la hice yo a la inversa: que me platiquen de cosas que no me interesan y por consecuente fingir que pongo atención.
Entre las situaciones que me hacen sentir pendejo se encuentran las del celular, por ejemplo que me dejen en visto en Whatsapp o como leído en Facebook. (Ejemplo: -Hola. -Leído el 3 de febrero del año 2); o que me respondan después de veintisiete siglos; estar platicando algo con otras dos personas y mientras digo algo, hablan al mismo tiempo entre ellos y mi oración se queda en el aire; estar con personas que hablan de cosas de las que no tengo idea:
 -A mí me gusta mucho el anime, wey. 
-Ah, órale. 
-Naruto, One piece, Death Note, Full Metal. 
-A mí me gusta Dragon Ball y los Caballeros.
 -Es que, pinche Chuy, tú no sabes.
 -Konichiwa...
También prender un cigarro al revés, o contar un chiste y que nadie le entienda. Igual me pasa cuando me encuentro a alguien a quien tenía mucho tiempo sin ver: -¿Qué onda, Chuyito, cómo estás? Estás bien gordo,wey, ¿sigues viendo a fulano? salúdamelo... y yo sin tener idea de quién carajos es. Pero de entre todas la que más me hace sentir bien pendejote es ver de lejos a algún amigo, conocido o familiar en alguna parte, saludarlo moviendo la mano o gritando su nombre y no me vea o no me escuche. Me da como vergüencilla. Es decir, la vergüenza según nuestro tumbaburros oficial, la RAE es: turbación del ánimo, que enciende el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena. Pero, la vergüencilla, según uno de mis camaradas y yo -saludos, Chuy- es aquella que más te rebaja, la que te hace sentir pequeño, indefenso e insignificante, lo más ruin, pues. Luego se me pasa, pero en ese momento me hace sentir bien pendejo, supongo que igual les pasa a los que les gusta Espinoza Paz y luego leen un libro. No sé.

-Joven, son cuarenta y dos pesos.
-...
-Joven, joven, cuarenta y dos pesos.
-Ah, sí, perdón.
Saco un billete de cincuenta y se lo doy.
-Uy, joven, apenas ando empezando y me siento bien pendejo de decirle esto, pero no traigo cambio...


Texto: Jesús Cáñez.
Imagen: Google.
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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Navidad



Amiguitos, el gran equipo de colaboradores de 871, o sea yo, he decidido tomar un descanso puesto que el siguiente miércoles es 25 y el que viene después día primero. Así que con el alma deseo que nazca la gracia de la pureza en el sucio pesebre de nuestros corazones y lo mejor que pasó este año sea apenas la uña de lo excelente que será 2014.

Te dejo con un romancillo heptasílabo navideño a modo de villancico compuesto por tu humilde servilleta. Gracias por acompañarme esta parte de 2013. Bendiciones y ¡Feliz Navidad y el mejor 2014!

La voz del ángel 


-¿Escuchas, pastorcillo,
el son de las campanas?
-¿A qué se debe el gozo
que ya este pecho inflama?
-Pues nace el redentor:
bondad de Dios humana,
humilde en un portal
detrás de esa montaña.
Verás un gran lucero
que luz a luz regala:
del cielo luz divina, 
del mundo luz al alma.
-Corriendo voy, señor,
por todos a mi casa;
se deben enterar
de dicha soberana.
-Avanza pues, pastor, 
con rumbo a tu morada,
no dejes de llevar
las cítaras y flautas,
que en corte celestial
querubes brincan, saltan;
las nubes se divierten;
los ángeles ya danzan.
Se fue el pastor de prisa
gritando en su garganta
que nace el salvador
de una mujer sin mancha.
Llegaron los pastores
y al niño-Dios alaban.
Los reyes del oriente
también postraron cara
en piso majestuoso,
Belén, la tierra Santa;
y el ángel del Señor
cuidó de sus espaldas.

El día ocho de enero nos volvemos a encontrar. No olvides darle share en Facebook y RT en Twitter, mil gracias.
Texto: Jesús Cáñez
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jueves, 5 de diciembre de 2013

Diciembre



Disculpa que no haya escrito ayer, pero andaba ocupadón, así que te voy a dejar un textito que me eché para Espinas del nopal hace un ratito. Va, pues.

Las tradiciones populares son bellas y agradables porque es ahí, en lo popular, donde recae su belleza: en la misma gente que las realiza y mantiene con vida. Las canciones populares, al igual que las tradiciones, se clavan en el pueblo, que con tremendo fervor, no permite que se extingan.

Esto menciona tu humilde servilleta porque como dicen los versos de David Lama: "Ya va llegando diciembre y sus posadas, se va acercando ya también la Navidad." Es verdad. Probablemente, diciembre es el mes más agradable para mezclar tradiciones y canciones, que, así juntas, crean las tradiciones populares.

En muchas ciudades, desde los últimos días de noviembre hasta el doce de diciembre, miles y miles de personas peregrinan, hacen fiestas, comidas, la tradicional reliquia, danzas y un largo etcétera a la Patrona de México, la Virgen de Guadalupe. Al recrear estas festividades me es imposible no pensar en muchísimas personas en procesión, algunas rezando Aves Marías mientras van desgranando las cuentas del Rosario y otras más cantando: "Desde el cielo una hermosa mañana". (Te apuesto, mi querido lector, que entonaste o tarareaste esta rolita.) La Guadalupana, canción de belleza poética, rítmica y métrica del dominio popular que acompaña a la gente a las parroquias o catedrales de la Emperatriz de América.

Pocos días después, en un lapso de nueve días, se comienzan a recordar las dificultades que tuvieron María y José pidiendo posada para encontrar un lugar para dar a luz al Niño Jesús. Del 15 al 23 se festejan las tradicionales posadas navideñas; muchas empiezan desde antes, y convertidas en tamalizas, pozolizas o simples borracheras, son un buen pretexto para la convivencia. De esta manera, con velas o luces de bengala, en dos grupos de personas -usulamente uno de ellos mitigando los estragos del gélido clima con un ponchecito, piquete incluido- entonan estos versos: "En el nombre del cielo, os pido posada". (Sí, ya sé que volvió a pasar lo mismo que con la canción anterior). Después, a romper la piñata de siete picos con semejante saña que parece uno odiar los pecados capitales; y al terminar, todos contentos con el bolo de cacahuates rancios con su naranja pasada, en su defecto sus palomitas viejas con sus colaciones de anís, más duras que las piedras, pero ahí andas chupe y chupe. Y no, no me refiero al Lupe-Reyes, puercazo.

Se llegan el 24 y 25, momentos de amor, paz y reflexión; de dar y compartir; de tener en casa un nacimiento con figuritas y hasta un pino dizque pa' los regalos; cantando canciones de adoración a Jesús recién nacido; y comiendo todo tipo de alimentos como si en la casa hubiera buffet para 754 personas -de veras, no te entiendo, amá-.

Y qué decir de los bombardeos publicitarios que no pueden faltar, ya sean miles de películas navideñas en el cine, o bien, muchísimas tiendas departamentales, refresqueras, cerveceras, y hasta negocios locales que intentan hacerme comprar todo lo que tenga que ver con un obeso barbón de pelo cano con un vestido rojo que vuela en un trineo jalado por renos. Esto al tiempo en que un séquito de personas canta villancicos.

Como gustes: ríendo, cantando, llorando, rezando o borracho, el caso es que ya estamos en diciembre y no debemos permitir que mueran éstas, nuestras tradiciones populares.

Texto: Jesús Cáñez.
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Twitter: @HijodeTinTan

miércoles, 27 de noviembre de 2013

En casa ajena




Estaba clavándole el diente a un plato de delicioso y suculento espinazo, pensando en qué debía escribir para hoy cuando repentinamente llegó mi hermano a comer con uno de sus pequeños camaradas. Cuando terminaron de comer le dije al chavito: -¿Quieres más? y tímidamente respondiome: -No, gracias. Muy rico, eh (Saweb, pos lo hizo mi esposa).  Y fue ahí cuando tuve una epifanía: lo incómodo que es estar en una casa ajena.

Hijosumare, com(p)are, a mí en lo particular me resulta muy incómodo estar en una casa ajena, más por primera vez. Ya sea que esté en tu casa, la de tu novia o la de tus papás me resulta muy incómodo. Prefiero quedarme en el patio o en la cochera. Y me resulta así simplemente porque cada familia tiene hábitos y costumbres diferentes, por ejemplo, los dos siguientes escenarios:


La hora de la comida.


Llegas a casa de tu amiguit@, novia, suegros, jefe, etc. Y lo primero que te dicen es: "siéntate, ándale, más vale llegar a tiempo que ser invitado". ¡Cárgueme la chingada de una buena vez! Si me vas a dar de comer no me hagas sentir que me estás haciendo el paro. Bueno, ya puse mi mueca pendeja, finjo que soy educado y buen muchacho y me siento a comer. Sirven pozole. ¡A quién no le gusta el pozole! Y uno es tragón. Así que me termino el plato de pozole y me preguntan: "¿Quieres más? Ahí hay más, está re bueno eh, está en esa olla grandota" y mientras mis tripas por dentro me dicen: "ándale, wey, aunque el de tu jefa sepa más rico tú aprovecha, déjate caer gacho, que te sirva poquito, nomás que no se tire, y de una vez que le ponga patita, y repollo, y rabanitos y..." pero las callo, me amarro y respondo igual que el chavito del inicio: "No, gracias. Muy rico, eh". Me levanto, hasta lavo mi plato y nuevamente doy gracias.
Y la contraparte. Llegas a una casa en que están sirviendo de comer y te dicen: "Ora, Chuyito, siéntate a papear, ahorita que está calientita la comida y está haciendo frío, ándale ahí hay pan francés y tortillitas calientitas". Qué diferencia, hasta dan ganas chingao. Y te sirven un platote de lentejas -en lo personal, me caaaagan las lentejas ¡y uno que es harto vergonzoso!- y ahí me tienes casi llorando pa' darle la primera cucharada y todos viéndome -sin saber que no me gustan las lentejas-, "¿Tan buenas las lentejas, edá mi Chuy? Las acaba de hacer mi vieja." y yo con un nudo en la garganta: "riquísimas, señor." Pues me acabo el plato con el vomito gorgoteando en el gaznate y pa' pronto me sirven otro plato: "Chíngale, mi Chuy, se vale dobletear o tripletear, ahí hay más, eh, están en esa olla grandota". ¡Vuélvame a cargar!

Pasa de modo similar con el pisto. Llegas a la casa de alguien y está la fiesta a todo lo que da: las norteñas, la banda, la carne asada y una hielera industrial hasta el copete de botes; una barra con tequila, ron, whisky, vodka, tintos y lo que se te ocurra y tú sin un varo en la bolsa. Y mira que sabemos que eres puerco. "Ándele, mi Chuy, tómese un bote". Aceptas con cara de nomás uno porque me regañan en mi casa y como en el cine, una escena dos horas después, ya estás con los borrachos tíos de tu vieja bien pedote con una manguera en la boca y los tíos echándote una mezcolanza etílica por un embudo. Bien jugado, bien jugado.
Y la contraparte, llegas al mismo escenario y nadie es pa' ofrecerte ni un vaso con agua. Nomás los ves casi con delirium tremens y el hocico seco. ¡¿Qué, ni una limonadita pa'l Chuy?!


Los baños


Después de despacharte los dos platos de lentejas, sientes que tu estómago tiembla y una danza en tus entrañas te clama, a ti, que no vas a hacer del dos -ja- en otra casa, que no vas a alcanzar a llegar a tu trono. Así que muerto de pena, sudando y con la piel chinita pides el baño. Total, es una necesidad básica. "Claro que sí, m'ijo, pásele, ya sabes, al fondo a la derecha, como en las películas". Con lágrimas de sangre y retortijones arrancas papel de baño pa' ponerlo en la taza -hasta te imagino, me cae-, y simplemente te dejas llevar. Y mira que no haces rosas. Y mira que no huele a rosas. Y de repente, así de chingazo, te tocan la puerta y tú de voooy, pero no para apurarte, sino para decirte: "M'ijo se me olvidó decirte que ese baño no baja, ahorita que salgas yo le echo una tina de agua". Es un medio baño. No accedes a la petición y más nervioso te pones. Sales todavía con las rodillas temblorosas, los cachetes colorados de la vergüenza y te percatas de los fétidos olores que despidió tu cuerpo. No piensas más que "ya mejor mátenme". La doña afuera ya lista con su balde de agua y una sonrisa de no pasa nada. Se la arrebatas, regresas al baño casi vomitando por el aroma de tus putrefactas heces y le avientas el agua. Y no se va. Vuelves a pedir más agua y te dice la seño: "es que la tienes que aventar desde arriba, m'ijo, sino no se va". Repites la hazaña un par de veces más. Nuevamente apenado no te queda más que confesar tu vergüenza y un agradecimiento incómodo, no sin antes decirle a la doñita qué bonito baño tiene.

Y ya ni te digo de romper un plato, vaso, jarrón, tomarte el último trago de Coca, o bañarte, etc. Y aunque también hay casas de amigos o personas en las que te sirves solo, dobleteas, te embriagas y vas al baño casi con la puerta abierta, hay otras en que resulta muy complicado el coexistir. Y te dejo porque me tengo que ir a preparar porque voy a cenar a casa de un amigo -ojalá no den lentejas-. Ahí ponle abajito qué más te incomoda en casa ajena. Comparte en Facebook y dale RT en Twitter. Gracias.

Texto: Jesús Cáñez
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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Anivdelarev



Permíteme querido lector excusarme porque no publiqué nada el miércoles pasado, y es que no te importa, pero andaba ocupado en una mudanza de mi cantón que es tu cantón.
Habiendo dicho eso y presumiendo en tiempos revolucionarios a mi General Peralta que en dos juegos descontó a los del fin del mundo con cinco pepinos, procedo a echarme un textito que me aventé hace un tiempo.

Más de cien años de "Tierra y Libertad"; del movimiento sociopolítico más importante del siglo XX en nuestro país conmemorando -para bien o para mal- las ideas y movimientos de Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa, Emiliano Zapata, entre otros.

Más de un centenario de un acontecimiento histórico que hace que podamos ver el México de hoy desde una concepción respetuosa y valerosa (o todo lo contrario) por los mismos antecedentes del que surge el movimiento revolucionario, el cual nos deja un legado de canciones que un siglo después perdura en el colectivo popular (tal vez gracias a las escuelas de gobierno que con sus bailables tradicionales siguen recordando con vestidos y carilleras el levantamiento en armas de esos tiempos).
Canciones y corridos como  el de Pancho Villa, La Jesusita, La Chinita, El Desterrado, La Voltereta, La Guacamaya, Soy soldado de Levita, Marieta, La Cucaracha, Las tres pelonas, etc. Pero sobretodo una que sobresale e inclusive tuvo sus versos en el billete de cien pesos conmemorativo de los cien años de la Revolución Mexicana, La Adelita de Antonio del Río Armenta.

Muchas historias suponen que "Adelita" fue Adela Velarde Pérez, quien fue reconocida con un homenaje como veterana de guerra, una enfermera que atendió al soldado Antonio del Río Armenta después de salir herido y le compuso el corrido ya mencionado.

Dejo La Adelita de Antonio del Río Armenta para que recuerden sus noviembres...

La Adelita

Adelita se llama la joven
a quien yo quiero y no puedo olvidar,
en el mundo yo tengo una rosa
y con el tiempo la voy a cortar.

Si Adelita quisiera ser mi esposa,
si Adelita fuera mi mujer,
le compraría un vestido de seda
para llevarla a bailar al cuartel.

Si Adelita se fuera con otro,
la seguiría por tierra y por mar.
Si por mar, en un buque de guerra,
si por tierra, en un tren militar.

Y si acaso yo muero en campaña
y mi cuerpo en la sierra en la va a quedar,
Adelita, por Dios te lo ruego,
que con tus ojos me vayas a llorar.

Soy soldado y la Patria me llama
a los campos que vaya a pelear,
Adelita, Adelita de mi alma,
no me vayas, por Dios, a olvidar.
Texto: Jesús Cáñez
Imagen: Google
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miércoles, 6 de noviembre de 2013

A 164 años de la muerte de Poe


                                           

Este texto es una colaboración de su humilde servilleta para la revista mensual Semblanza en su edición de octubre del corriente. Va pues.

“Le vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano”.
El corazón delator.
Edgar Allan Poe.

Octubre suele ser un buen mes en varios ámbitos, para empezar el clima comienza a cambiar y con eso ya la llevamos de gane; en el plano deportivo, para los aficionados al deporte de la bola caliente hay serie mundial en las Ligas Mayores de Béisbol; para los amantes del emparrillado hay NFL; para los que gustan del deporte ráfaga empieza la pretemporada de la NBA; y para los que prefieren patear balones hay buenos juegos en la UEFA Champions League. Además de eso, en el plano literario, este es un mes que históricamente nos ha regalado y arrebatado buenos escritores, por ejemplo, algunos de los que nacieron en el décimo mes del año son: Martín Luis Guzmán, Ivo Andric, Daniel Defoe, Félix María de Samaniego, Friedrich Nietzche, Mario Puzo, Italo Calvino, Oscar Wilde, Arthur Rimbaud, Edmondo de Amicis, Fernando Vallejo, Ramón Mª del Valle-Inclán, Miguel Hernández entre muchos otros; y aquellos que han partido al viaje en la barca de Caronte en el mes que inicia el último trimestre del año han sido Morris West, Jean Cocteau, Anatole France, Garcilaso de la Vega, José Ortega y Gasset, José Hernández, Jack Kerouac, John Locke, Rafael Alberti, etcétera.

Pero hay un personaje en especial que merece mi atención más que otros escritores –mero gusto propio-, un bostoniano nacido en 1809 y fallecido el siete de octubre de 1849, apenas a los cuarenta años de edad. Su nombre, Edgar Allan Poe.

Hoy, a 164 años de su partida, su influencia sigue siendo inmensa. Considerado el maestro del relato corto, muchos escritores e intelectuales han dejado en claro su admiración por el autor de El Cuervo (1845), entre ellos Baudelaire, Oscar Wilde, Víctor Hugo, Borges y Cortázar. Este último tradujo todos sus cuentos para la Universidad de Puerto Rico en 1953.

La casa editorial argentina Edhasa Literaria, en el libro Cuentos Completos, donde presenta cronológicamente los escritos de Poe con la aclamada y afamada traducción de Julio Cortázar dice: “Edgar Allan Poe (1809-1849) es una figura central de la tradición literaria de los últimos siglos. Padre de la novela policíaca, renovador de la novela gótica y los cuentos de terror, pionero de la ciencia ficción, crítico y teórico literario de aguda inteligencia, autor de uno de los poemas más célebres de todos los tiempos (“El Cuervo”), teórico tanto del lenguaje narrativo como del poético, su enorme influencia se ha puesto de manifiesto no sólo en la obra de grandes narradores como Dostoievski, Kafka, Maupassant, Lovecraft, Borges, RayBradbury o Cortázar, sino también en las versiones y citas musicales (de Bob Dylan a Lou Reed, de Iron Maiden a Green Day), cinematográficas (Roger Corman, Peter Weir, los hermanos Coen, Tim Burton…), pictóricas (Doré, Gauguin, Manet) o del cómic (Jonathon Scott Fuqua, LenWein, DuightMacPherson, entre otros), que le han convertido en un personaje legendario e inmensamente popular”.
Tanta es su popularidad y su influencia que recientemente salió una película al cine basada en su más célebre poema, al igual que un capítulo de TheSimpsons que también trata del escrito acerca del cuervo que dijo ¡Nunca más! Así como un protagonista de la película Una aventura extraordinaria (TheLife of Pi), un tigre llamado Richard Parker, igual que el grumete de su única novela, Arthur Gordon Pym, de 1838, dicho grumete muere al ser comido por la tripulación que pescaba ballenas y al quedarse sin alimento en altamar enloquece. Como caso curioso, en 1884, en la vida real, un navío llamado el Mignonette que llevaba 16 días a la deriva, tuvo una tripulación que sin comer ni tomar agua, decidió asesinar y comer a un muchacho de 17 años, un grumete llamado Richard Parker.

El que para muchos fue el más perfecto autor de cuentos, también es estigmatizado por otros que lo acusan de loco, drogadicto, borracho, problemático y algunos más extremistas hasta coleccionista de transtornos mentales, sin poder desligar sus personajes de su autor. El escritor inglés Peter Ackroyd sabe la diferencia y dice: “Poe fue el más calculador de los autores, por lo que nunca debería confundírsele con los narradores perturbados, e incluso psicóticos, de sus relatos. El Poe escritor buscaba con gran esmero los efectos más extremos”. Y el poeta francés Paul Valéry alguna vez agregó: “Poe es el único escritor impecable que hay. Nunca se equivocó”.
Una cosa es criticar o desprestigiar su persona y otra su obra. Es decir, no tiene relación una crítica a que se haya casado con su prima cuando ella tenía trece años y trágicamente muriera de tuberculosis a los veinticuatro años, a otra de su cuento El pozo y el péndulo, por decir alguno.
Inclusive el mismo Edgar Allan Poe sabiendo del talento de su pluma dijo: “Si todos mis cuentos estuvieran incluidos en un gran volumen y los leyera como si se tratara de una obra ajena, lo que más me llamaría la atención sería su gran diversidad y variedad. Se sorprenderá usted si le digo que, con excepción de uno o dos de mis primeros relatos, no considero a ninguno de ellos mejor que otro. Hay una gran variedad de clases y esas clases son más o menos valiosas; pero cada cuento es igualmente bueno en su clase”.

Le invito a sacar sus propias conclusiones recomendándole mis diez cuentos favoritos de Edgar Allan Poe:

Berenice (1835).
Ligeia (1838).
La caída de la casa Usher (Thefall of thehouse of Usher, 1839).
Los crímenes de la calle Morgue (Themurders in the Rue Morgue, 1841).
El pozo y el péndulo (Thepit and thependulum, 1842).
El corazón delator (Thetell-tale heart, 1843).
El gato negro (Theblackcat, 1843).
La caja oblonga (Theoblong box, 1844).
El entierro prematuro (Theprematureburial, 1844).
El faro (The light-house, 1849).

Me despido en un soneto de mi autoría recordando al gran escritor de Boston, Massachusetts a 164 años de su muerte.

A Edgar Allan Poe

Si a cuitas viscerales no respondes
vorágine fatal de intenso miedo,
guarda la voz cuidando grande el credo;
no sangres por favor la faz que escondes.

Y si al renuente fallo correspondes,
galante no prosigas sin denuedo,
consérvate a los sueños del aedo
e inspira el cruel temor adonde rondes.

Mas cuida involucrar el epitafio
de sabios y de doctos personajes
que buscan al lugar un cenotafio,

y deja fina herencia en gratas letras:
virtudes que se llegan oleajes
que al sueño mío siempre compenetras.

Jesús Cáñez. Octubre 2013.

Twitter @HijodeTinTan