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miércoles, 12 de agosto de 2020

Lo mismo pero más barato





Canción para acompañar el texto: La cumbia sampuesana - Aniceto Molina
Tiempo aproximado de lectura: 3:3o mins


Acá entre nos, la semana pasada te dije mentiras. Tranquílate, no pienses que la caída, mi muerte en el ecihibí y el SIFAMEX son falacias, nel, eso sí pasó. Lo que es falso fue lo de las canelitas. Es que la verdad, el producto que traía es otra delicatesen del tipo clon, el cual se llama Con Canela, para ser más precisos dice la palabra “galletas” en letras pequeñas y ya en grande “Con Canela”, entonces su nombre real sería Galletas con Canela (Ö ¡si Doritos hiciera sus papas de canela y azúcar les podría llamar churritos! Ö).

Prácticamente es lo mismo pero más barato, como cierto eslogan de cierta empresa de cuyo nombre no quiero acordarme; efectivamente, son mucho más económicas y el parecido en todo aspecto es innegable, incluso el arte de la caja es sumamente parecido: mismos colores, semejante tipografía y del producto pues ni hablar, basta decir que son galletas espolvoreadas con azúcar y canela, de esas que te dejan toda la boca llena de ese polvo, como para darle un beso a un guardia real del palacio de Buckingham. 
Y no vaigas tú a pensar que compré esas galletas por jodido –que es la neta, pero no lo pienses-, sino porque saben más buenas. Y de veritas, de veritas que me gustan más que las originales, lo que me puso a pensar que hay una gran variedad de productos que en su versión chafita, réplica o clon AAA hay ocasiones que son mejores que la original.


Desde tiempos ancestrales han aparecido en tu alacena ciertas mercancías que a veces ni recuerdas cómo llegaron ahí (muy probablemente en épocas de vacas flacas), sin embargo, cuando decides darles la oportunidad resultan ser una tremenda maravilla culinaria, un estallido de nebulosas en tu paladar, umami en su máxima expresión deleitando tus papilas gustativas. Nah, nocierto, pero aunque digas: “Ay, cero que ver, goeee, esos ni los conocía” estoy seguro que alguna vez los has tenido o probado, aunque sea una vez, unita nomás. Te apuesto unas Galletas Con Canela a que sí. Comenzamos.

Hubo un día de tu existencia que tenías un chingo de hambre y no había nada que comer –sí había, pero eres huevón para hacerte, más bien no había quien te hiciera-, así que agarraste lo único comible dentro de la oscuridad de esa alacena, obviamente; y por razones desconocidas decidiste ver qué era, le quitaste las telarañas, la sacudiste como señora de miscelánea con los churrumais caducos y viste que detrás de esa extensa nube de polvo se escondía una gigante bolsa de Chachitos. Agarraste el tremendo bolsón de arroz inflado, te le llevaste a la sala y te los comiste como churrumais caducos, ni leche les pusiste, ¿te acuerdas? Y para tu sorpresa estaban bien buenos. Nunca más los volviste a ver. Nadie sabe de dónde salen esas madres, nomás aparecen, como los Oxxos.

Y te digo, hay algunos productos que son chafitas, económicos y aunque hay veces que no le llegan al original suplen muy bien la función que cumple el de la versión de línea. Es como cuando me toca poner las papas y las cocas: de loco le voy a dar a la raza Cheetos de los perrones, nembe, voy a abastos por un costal de pseudocheetos puff, un garrafón de salsa muy seguramente rebajada con agua y un doce de impresionantes bigcolas de tres litros. Ámonos. Todos se van a quejar, pero también todos van a agarrar su vasito y van a terminar con los dedos anaranjados. Hasta sobran, chiquitín.

Checa tu despensa o abre el refri y te darás cuenta que no miento: tú y yo sabemos que esa “Nutella” que le embarraste anoche a los churros no es Nutella, es Crema untable de avellanas con cacao de la que venden en la gualmar y no hay pepe, sabe exactamente igual; pero ahí te la andas dando de purista que no sabe igual porque la original es de Ferrero y sabe qué tantas cosas más. Tas pero bien loco, también decías que los únicos nuggets que te gustaban eran los de Carl’s Jr, acuérdate como le echabas cátsup a los gachotes esos con forma de dinosaurio, ni a pollo llegan esos, han de ser de tortolita. Bien que te quitaron el hambre, como las Galletas con Canela que ya me debes.
Y hablando de galletas no se puede quedar atrás un producto clásico, de gran tradición, de los meros meros de antaño, copiado por muchos y sigue siendo de malísima calidad como el original pero que absolutamente todos hemos tenido y comido (redoble de tambores): las galletas de animalitos.
Aunque uno nunca le hallaba forma de ningún animal, yo creo que eran cilecántropes; son tan famosas que hasta te las daban en Navidad junto con las otras galletas genéricas de mantequilla (esas sí saben bien gacho) y están tan arraigadas en la comida nacional que hasta tienen su propio día festivo; neta, es el 18 de abril. Y ya parece que te oigo: “O sea, wey, sí las he visto, pero nunca las he probado ¿sí están buenas?” Telosito, si hasta les ponías leche pa' comértelas como confleis, nomás porque no me quieres pagar mis galletas.


Vamos a dejarle hasta aquí por hoy, tengo que desempolvar la alacena. La última vez me encontré unos Chachitos detrás de unos pseudocheetos y un mazapunk; ah, nomás recuerda que si vas a comer mazapanes, que esos sí sean De la Rosa.

Texto: Jesús Cáñez
Imagen: Google Images
Video: La cumbia sampuesana - Aniceto Molina - YouTube
@ochosieteuno_

miércoles, 5 de agosto de 2020

SIFAMEX


45% of Americans believe that ghosts and demons exist | YouGov


Canción para acompañar el texto: Radio Protector - 65daysofstatic
Tiempo aproximado de lectura: 3:30 mins

La única certeza que tiene el ser humano desde el momento de la concepción es la de su propia defunción, ya lo dice el dicho: la muerte está tan segura de su victoria que te da toda una vida de ventaja; aunque no me sepa mi signo zodiacal sé cuál es el momento en que nací –o al menos eso creo-, pero no sé cuándo cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare al blanco día, que eventualmente habrá de suceder.
Existen varios mitos relacionados con el día del último aliento. Dicen los que dicen que saben que cuando se encuentra lista el alma deja el cuerpo para trascender; pero a la vez, si no lo está podría quedarse atrapada en tiempo y espacio. Me explico - recordemos que estos son mitos, pero sería algo así-: aun tienes una vida por delante y una infinidad de pendientes por hacer o simplemente aun no estás listo para partir y repentinamente sufres un accidente de fatal desenlace. Si no te tocaba dejar este mundo existe la posibilidad de que tu alma permanezca penando en ese mismo lugar (espacio) y a la misma hora y con la misma ropa que vestías en ese momento (tiempo), por eso algunas apariciones, espíritus o fantasmas emergen en ese horario y territorio, hasta que su alma logre descansar. Aquí vendrían más mitos y tipos de fantasmas o espectros y así y así y así y así.


Esto viene a colación porque anoche fui al eichibí a comprar unos Cheetos y unas Canelitas entre otras excentricidades gourmet y delicatessen que suelo tener al atardecer, justo como el outfit que traía: short de la selección de fútbol de Portugal, playera del partido verde ecologista de México , calcetines de esos perrones con elástico que aprieta pa’fuera y calzado sumamente cómodo y de difícil digestión visual mejor conocido como Crocs, para darle más extravagancia son naranjas, pero se ven cafesosos de lo sucios que están. 
El reloj marcaba aproximadamente las veinte horas con veintisiete minutos y catorce segundos al momento de salir de la tienda; la única nube que transitó por encima del supermercado dejó constancia de su paso por el lugar mostrando su poderío con una banqueta mojada, misma que procedí a recorrer y al llegar al desagüe, en la zona donde está cubierto el drenaje con una lámina metálica sentí mi alma escapar por un segundo de mi cuerpo (si no lo sabes, querido lector, permíteme informarte que los Crocs –específicamente los naranjas y cafesosos- se convierten en una trampa  mortal para el portador al tener contacto con los líquidos; exacto, deja de bañarte con ellos). Resbalé y como Neo en Matrix esquivando las balas, me vi con una pierna en el aire, la otra tratando de equilibrar al más puro estilo de break dance del barrio de tu elección, un brazo lastimando el hombro y la otra mano salvando la caguama en el aire –digo, los Cheetos, hay que meterle drama-. El filo de la banqueta estuvo a menos de dos centímetros de desnucarme y ahí me regresó el alma.
Imaginé mi cuerpo sin vida tendido en un charco de agua, la sangre fluyendo a través del desagüe de un supermercado, quien fuera a reclamar mi cadáver reconociéndome por los Crocs y diciendo: pues sí, a quién se le ocurre ponérselos cuando llueve. Mi cruz en medio de la banqueta del eichibí con unas flores de plástico y un llavero chafa de unos crocsitos. Qué bueno que no me desnuqué en el tubito que está en salchichonería mientras huía por robarme una muestra de jamón de pavo.


Las leyendas tienen apariciones de lujo con fantasmas que imponen, como La llorona, El charro negro, La planchada, La monja del café Tacuba, entre otros. Y la verdad la leyenda del fantasma de los Crocs no suena muy imponente que digamos. 

Imagínate la entrega de reconocimientos en la junta mensual del SIFAMEX (Sindicato de Fantasmas Mexicanos) con sus comerciales como los del SITATYR y de premio unas vacaciones en Cancún todo pagado, ah, peeeeerro: los trabajadores de los sustos y apariciones llevaremos a cabo nuestra quincuagésima séptima asamblea general ordinaria del consejo en Pénjamo, Guanjuato… Pasa La Llorona y toda la raza fantasmagórica desviviéndose en aplausos mientras le dan su trofeo y sus vacaciones todo incluido al mayor asustador del mes, bien Monsters inc. Así van pasando uno tras otro, comentando sus técnicas y estrategias para poner los pelos de punta y yo, solo arrumbado allá en la mesa de la bocina, porque seamos honestos, quién se iba a asustar con la leyenda del fantasma de los Crocs naranjas.
Además de la ropa, el lugar del accidente influye para el susto: un cementerio como el vampiro en Guadalajara, un callejón como el del Solitario en Zacatecas, un cuarto de hospital como La planchada, el kilómetro 11-40 como la chica del ride en Gómez Palacio,  un arroyo, río o lago como La llorona, un teatro como el fantasma de la ópera, etc. El simple de hecho de que imagines un lugar oscuro, lúgubre y todo lleno de muertos lo hace más tétrico; pero la banqueta de un supermercado a las 8:27:14 de un martes de canasta sin duda lo haría pasar desapercibido; es más, ni Carlos Trejo interrumpiría su pelea con Alfredo Adame para investigarlo. A menos que hubiera HEB en Cañitas, claro.


Ya me agüité, acompáñame a un baldío a tirar unos Crocs, de paso te invito unos Cheetos y unas Canelitas.

Texto: Jesús Cáñez
Imagen: Google Images
Video: Radio Protector - 65daysofstatic - YouTube
@Ochosieteuno_