miércoles, 6 de noviembre de 2013

A 164 años de la muerte de Poe


                                           

Este texto es una colaboración de su humilde servilleta para la revista mensual Semblanza en su edición de octubre del corriente. Va pues.

“Le vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano”.
El corazón delator.
Edgar Allan Poe.

Octubre suele ser un buen mes en varios ámbitos, para empezar el clima comienza a cambiar y con eso ya la llevamos de gane; en el plano deportivo, para los aficionados al deporte de la bola caliente hay serie mundial en las Ligas Mayores de Béisbol; para los amantes del emparrillado hay NFL; para los que gustan del deporte ráfaga empieza la pretemporada de la NBA; y para los que prefieren patear balones hay buenos juegos en la UEFA Champions League. Además de eso, en el plano literario, este es un mes que históricamente nos ha regalado y arrebatado buenos escritores, por ejemplo, algunos de los que nacieron en el décimo mes del año son: Martín Luis Guzmán, Ivo Andric, Daniel Defoe, Félix María de Samaniego, Friedrich Nietzche, Mario Puzo, Italo Calvino, Oscar Wilde, Arthur Rimbaud, Edmondo de Amicis, Fernando Vallejo, Ramón Mª del Valle-Inclán, Miguel Hernández entre muchos otros; y aquellos que han partido al viaje en la barca de Caronte en el mes que inicia el último trimestre del año han sido Morris West, Jean Cocteau, Anatole France, Garcilaso de la Vega, José Ortega y Gasset, José Hernández, Jack Kerouac, John Locke, Rafael Alberti, etcétera.

Pero hay un personaje en especial que merece mi atención más que otros escritores –mero gusto propio-, un bostoniano nacido en 1809 y fallecido el siete de octubre de 1849, apenas a los cuarenta años de edad. Su nombre, Edgar Allan Poe.

Hoy, a 164 años de su partida, su influencia sigue siendo inmensa. Considerado el maestro del relato corto, muchos escritores e intelectuales han dejado en claro su admiración por el autor de El Cuervo (1845), entre ellos Baudelaire, Oscar Wilde, Víctor Hugo, Borges y Cortázar. Este último tradujo todos sus cuentos para la Universidad de Puerto Rico en 1953.

La casa editorial argentina Edhasa Literaria, en el libro Cuentos Completos, donde presenta cronológicamente los escritos de Poe con la aclamada y afamada traducción de Julio Cortázar dice: “Edgar Allan Poe (1809-1849) es una figura central de la tradición literaria de los últimos siglos. Padre de la novela policíaca, renovador de la novela gótica y los cuentos de terror, pionero de la ciencia ficción, crítico y teórico literario de aguda inteligencia, autor de uno de los poemas más célebres de todos los tiempos (“El Cuervo”), teórico tanto del lenguaje narrativo como del poético, su enorme influencia se ha puesto de manifiesto no sólo en la obra de grandes narradores como Dostoievski, Kafka, Maupassant, Lovecraft, Borges, RayBradbury o Cortázar, sino también en las versiones y citas musicales (de Bob Dylan a Lou Reed, de Iron Maiden a Green Day), cinematográficas (Roger Corman, Peter Weir, los hermanos Coen, Tim Burton…), pictóricas (Doré, Gauguin, Manet) o del cómic (Jonathon Scott Fuqua, LenWein, DuightMacPherson, entre otros), que le han convertido en un personaje legendario e inmensamente popular”.
Tanta es su popularidad y su influencia que recientemente salió una película al cine basada en su más célebre poema, al igual que un capítulo de TheSimpsons que también trata del escrito acerca del cuervo que dijo ¡Nunca más! Así como un protagonista de la película Una aventura extraordinaria (TheLife of Pi), un tigre llamado Richard Parker, igual que el grumete de su única novela, Arthur Gordon Pym, de 1838, dicho grumete muere al ser comido por la tripulación que pescaba ballenas y al quedarse sin alimento en altamar enloquece. Como caso curioso, en 1884, en la vida real, un navío llamado el Mignonette que llevaba 16 días a la deriva, tuvo una tripulación que sin comer ni tomar agua, decidió asesinar y comer a un muchacho de 17 años, un grumete llamado Richard Parker.

El que para muchos fue el más perfecto autor de cuentos, también es estigmatizado por otros que lo acusan de loco, drogadicto, borracho, problemático y algunos más extremistas hasta coleccionista de transtornos mentales, sin poder desligar sus personajes de su autor. El escritor inglés Peter Ackroyd sabe la diferencia y dice: “Poe fue el más calculador de los autores, por lo que nunca debería confundírsele con los narradores perturbados, e incluso psicóticos, de sus relatos. El Poe escritor buscaba con gran esmero los efectos más extremos”. Y el poeta francés Paul Valéry alguna vez agregó: “Poe es el único escritor impecable que hay. Nunca se equivocó”.
Una cosa es criticar o desprestigiar su persona y otra su obra. Es decir, no tiene relación una crítica a que se haya casado con su prima cuando ella tenía trece años y trágicamente muriera de tuberculosis a los veinticuatro años, a otra de su cuento El pozo y el péndulo, por decir alguno.
Inclusive el mismo Edgar Allan Poe sabiendo del talento de su pluma dijo: “Si todos mis cuentos estuvieran incluidos en un gran volumen y los leyera como si se tratara de una obra ajena, lo que más me llamaría la atención sería su gran diversidad y variedad. Se sorprenderá usted si le digo que, con excepción de uno o dos de mis primeros relatos, no considero a ninguno de ellos mejor que otro. Hay una gran variedad de clases y esas clases son más o menos valiosas; pero cada cuento es igualmente bueno en su clase”.

Le invito a sacar sus propias conclusiones recomendándole mis diez cuentos favoritos de Edgar Allan Poe:

Berenice (1835).
Ligeia (1838).
La caída de la casa Usher (Thefall of thehouse of Usher, 1839).
Los crímenes de la calle Morgue (Themurders in the Rue Morgue, 1841).
El pozo y el péndulo (Thepit and thependulum, 1842).
El corazón delator (Thetell-tale heart, 1843).
El gato negro (Theblackcat, 1843).
La caja oblonga (Theoblong box, 1844).
El entierro prematuro (Theprematureburial, 1844).
El faro (The light-house, 1849).

Me despido en un soneto de mi autoría recordando al gran escritor de Boston, Massachusetts a 164 años de su muerte.

A Edgar Allan Poe

Si a cuitas viscerales no respondes
vorágine fatal de intenso miedo,
guarda la voz cuidando grande el credo;
no sangres por favor la faz que escondes.

Y si al renuente fallo correspondes,
galante no prosigas sin denuedo,
consérvate a los sueños del aedo
e inspira el cruel temor adonde rondes.

Mas cuida involucrar el epitafio
de sabios y de doctos personajes
que buscan al lugar un cenotafio,

y deja fina herencia en gratas letras:
virtudes que se llegan oleajes
que al sueño mío siempre compenetras.

Jesús Cáñez. Octubre 2013.

Twitter @HijodeTinTan

1 comentario:

  1. Muy buen escrito mi Compa, es bueno leer a un grande hablando de una leyenda.

    Saludos.

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